El argumento central de este libro es que, allí donde los fascistas crezcan, es urgente crear movimientos amplios para frenarlos. Esto se aplica de forma especial en Catalunya, con Plataforma per Catalunya, pero existen amenazas específicas en otras partes del Estado español. Hay que movilizar a fuerzas muy variadas, pero, como se argumenta aquí, las y los de la izquierda anticapitalista tenemos una responsabilidad especial para dar impulso a esta iniciativa.
No es, evidentemente, la única tarea que tenemos por delante. Está la “guerra contra el terror” —la que, dicho sea de paso, ha contribuido enormemente a hacer respetable la islamofobia— y el movimiento contra las guerras y las ocupaciones en Oriente Medio continúa siendo necesario. El cambio climático supone una amenaza cada vez más grande para las condiciones de vida de la humanidad, y el hecho de que Obama —junto con Lula y los dirigentes de China, India y Sudáfrica— haya saboteado cualquier acuerdo vinculante en la cumbre de Copenhague subraya que la solución sólo vendrá si luchamos por ella. Y por supuesto, estamos viviendo la peor crisis desde los años 30, y las clases dirigentes de los diferentes países han dejado claro que quieren que la clase trabajadora pague los platos rotos.
La crisis es la clave: el último gran auge del fascismo llegó en medio de la gran depresión y no es casualidad que la extrema derecha crezca ahora. Los abusos del capitalismo son más que evidentes; los gobiernos transfieren cantidades obscenas de dinero a los ricos y luego anuncian recortes salvajes en el gasto público, para cubrir el déficit creado. En el mismo momento en que se recortan los servicios sociales y los salarios, los Estados endurecen sus políticas contra la gente inmigrada, y de forma especial contra los musulmanes, con el apoyo de artículos alarmistas en la prensa.
El dirigente nazi británico, Nick Griffin, se ha referido a la situación como la “tormenta perfecta” para el crecimiento de su partido, el BNP. El capitalismo, por su propia naturaleza, produce las crisis. Por tanto, la amenaza fascista existirá, al menos en potencia, mientras exista el capitalismo.